Galápagos: nodo logístico del tráfico ilegal de especies del crimen organizado
Texto y foto: Diego Cazar Baquero / Mongabay Latam. Fecha: 31 de agosto, 2026
Una serie de casos recientes de tráfico ilegal de especies de fauna de Galápagos da pistas sobre históricas negligencias por parte de autoridades y entidades públicas que operan de manera descoordinada, sin personal ni presupuestos suficientes.
El Parque Nacional Galápagos cuenta con 289 empleados —entre administrativos y operativos— para vigilar 795 786 hectáreas, cuando necesitaría al menos 320.
La noche del 19 de mayo de 2026, la perra detectora Pinta —que fue asignada por el Parque Nacional Galápagos y la Policía Nacional al Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo, de Guayaquil— alertó sobre el equipaje de tres ciudadanos tailandeses que pretendían abordar un vuelo de KLM con destino a Ámsterdam. En sus mochilas llevaban 12 iguanas marinas de Galápagos (Amblyrhynchus cristatus) pertenecientes a la subpoblación de la isla Santa Cruz, una de las 11 subespecies que habitan el archipiélago.
Los reptiles estaban envueltos en medias de nailon y sus extremidades estaban atadas. Una de ellas murió por falta de alimentos y por un posible shock térmico.
Al día siguiente, el juez Glen Marcos Bodero dictó prisión preventiva para Wongdee Panom (39 años), Kamlong Wanchaloem (36 años) y Yatthong Akklrawin (30 años) por presunto delito contra la flora y la fauna silvestres, cuya pena máxima en Ecuador es de tres años de prisión.
Desde el 5 de marzo de 2026, la iguana marina de Galápagos pasó de estar en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) a integrar el Apéndice I, lo que implica que su traslado sólo puede ocurrir con fines científicos.
Nunca hay responsables
Los tres detenidos alegaron desconocer la legislación ambiental ecuatoriana.
El episodio llamó particularmente la atención de grupos científicos, organizaciones ambientalistas y de algunas autoridades, puesto que los tres tailandeses capturados en Guayaquil no solo lograron superar los filtros del Aeropuerto Seymour —ubicado en las islas y administrado por la empresa Aeropuertos Ecológicos de Galápagos (Ecogal)—, sino que también burlaron los filtros y controles durante su traslado obligatorio desde Puerto Ayora, la capital de la isla Santa Cruz, hasta la isla de Baltra, donde se encuentra la terminal aérea.
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En ese trayecto, todo visitante o residente debe ser revisado por el personal del Parque Nacional Galápagos (PNG) antes de abordar un autobús, que tarda aproximadamente 45 minutos en trasladarse hasta el Canal de Itabaca, donde los pasajeros cruzan hasta Baltra, a bordo de una gabarra, antes de entrar al aeropuerto. “Es una operación logística super complicada”, confirmó Carlos Ortega, presidente del Consejo de Gobierno de Régimen Especial de Galápagos (Cgreg), en entrevista con La Barra Espaciadora y Mongabay Latam en su despacho, en Puerto Baquerizo Moreno.
Sin embargo, los traficantes sortearon las dificultades hasta que el personal de la aerolínea KLM en el continente aplicó técnicas de perfilamiento para retener y requisar a los traficantes extranjeros.
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