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De Gumpi a Las Mapaches: hacer del arte una forma de resistencia

12 minutos de lectura

De Gumpi a Las Mapaches: hacer del arte una forma de resistencia

Texto y fotos por: Samanta Apecechea Guerrero. Fotos: Fecha: 26 de octubre, 2026

Entre personajes animados, fanzines e ilustraciones con mensajes políticos, jóvenes de Guadalajara construyen espacios para crear, cuestionar las injusticias y organizarse. Su punto de encuentro es el arte, pero también una convicción: no quieren acostumbrarse al mundo tal como es

Mapache Rojito tiene 15 años, el cabello largo, las uñas pintadas y una respuesta sencilla para quienes le dicen que es raro: “Simón, soy raro”. No parece interesado en encajar en lo que se espera de él. Prefiere crear, dibujar, animar, cocinar, editar videos y encontrar distintas formas de contar lo que piensa. Para él, hacer arte no consiste solamente en producir algo bonito: también es una manera de mirar el mundo y cuestionar aquello que parece normal.

Durante la pandemia, cuando sus hermanos comenzaron a crecer y dejaron de jugar con él como antes, Rojito retomó una idea que había tenido años atrás con uno de ellos: hacer una película mediante stop motion, una técnica de animación que consiste en fotografiar un objeto o personaje, moverlo ligeramente y repetir el proceso hasta construir la ilusión de movimiento. Su primer intento fue un tráiler de alrededor de 30 segundos, inspirado en la película Cazafantasmas y Volver al futuro. Con el tiempo aprendió sobre planos, secuencias, guiones y otros elementos de la producción audiovisual.

Así comenzó un camino que hoy lo lleva a contar historias a través de Gumpi, su personaje animado. Pero lo que empezó como una forma de entretenerse también se ha convertido en una oportunidad para hablar de amistad, confianza, política y resistencia.

Antes de protagonizar una historia, Gumpi aparecía en animaciones breves de apenas 15 o 20 segundos, haciendo travesuras y pasando el rato por su cuenta. Para su primer cortometraje con una trama más desarrollada, Rojito imaginó que el personaje viajaría a Marte por curiosidad y ahí conocería a alguien más.

Gumpi: imaginar para crear otros mundos

Al principio, la intención era hacer una historia de humor físico, con golpes y situaciones absurdas. Sin embargo, la influencia de 31 Minutos le mostró otra posibilidad: abordar temas políticos y profundos sin dejar de entretener, incluso cuando el público son niñas y niños.

“Yo quiero que Gumpi sea un personaje que hable de cosas políticas, pero que también sea divertida”, explica Rojito. Su intención es construir un universo en el que la curiosidad, la inocencia y la amistad permitan hablar de asuntos que muchas veces se consideran demasiado complejos para las infancias.

En esta nueva historia, Gumpi deja de estar solo. El encuentro con otro personaje abre la posibilidad de construir una relación y aprender a confiar. Para Rojito, ese cambio también importa: en sus animaciones anteriores, Gumpi resolvía las cosas por su cuenta; ahora aparece alguien más. La historia se convierte así en una forma de explorar la importancia de compartir el camino con otras personas.

El cortometraje incluye, además, pequeños elementos políticos: una estrella roja, una bandera y referencias relacionadas con las y los compañeros zapatistas y con Palestina. No se trata de convertir la historia en una explicación política, sino de incorporar esas inquietudes a un relato que pueda disfrutarse desde distintos lugares.

Esa intención también está presente en su manera de entender el stop motion. En una época marcada por la inmediatez de los contenidos digitales y por herramientas que prometen producir imágenes cada vez más rápido. Rojito encuentra en esta técnica otra forma de crear: una que requiere tiempo, paciencia y atención a cada movimiento.

Crear a contracorriente de la inmediatez

Para él, la animación tiene algo profundamente humano: detrás de cada escena hay alguien que mueve, imagina y da vida a los personajes. El proceso importa tanto como el resultado. Por eso, le gustaría que quienes vean su cortometraje puedan reírse, pasar un buen rato y detenerse un momento ante una historia, en lugar de consumir contenido sin pausa.

No espera que las infancias necesariamente comprendan cómo se hizo cada escena. A veces, basta con que la historia les provoque una risa. Lo importante es que el arte pueda acercarse a ellas sin subestimarlas y abrir preguntas sin dejar de jugar.

Gumpi es una de las maneras en que Mapache Rojito explora sus inquietudes, pero no es la única. A través de Las Mapaches, un colectivo de jóvenes que se conocieron en ALAS, un espacio de educación alternativa, el arte también se convierte en una forma de encontrarse con otras personas, compartir ideas y hacer visibles distintas problemáticas sociales.

Para conocer su trabajo, conversamos con cuatro integrantes: Mapache Rojito, Mapacha Morada, Mapache Verde y Mapacha Arcoíris. Aunque cada quien tiene intereses y formas de expresarse distintas, coinciden en que crear en colectivo les permite compartir preocupaciones, acompañarse y construir un espacio propio en medio de un mundo que describen como caótico.

Las mapaches: el arte como punto de encuentro

En sus proyectos aparecen temas como el zapatismo, el feminismo, la lucha por el agua, las personas desaparecidas y las situaciones que atraviesan comunidades en Gaza y el Congo. 

Sus inquietudes no surgieron de un día para otro. En abril del año anterior, algunas de estas experiencias comenzaron a tomar otra dimensión después de un viaje a territorio zapatista para participar en un encuentro de artes.

El viaje les permitió acercarse a otras formas de organización y comprender el arte desde una perspectiva distinta. La idea de que crear también puede ser una forma de resistencia, especialmente dentro de un sistema capitalista que suele poner la productividad y el beneficio económico por encima de otras formas de vida, se quedó con ellas.

Desde entonces, Las Mapaches han encontrado distintas maneras de compartir lo que piensan: hacen fanzines, ilustraciones, dibujos, videos y textos que difunden, entre otros espacios, a través de Instagram. También crearon a Anarquía, un personaje ficticio con forma de mapache.

Feminista y antifascista, Anarquía tiene una personalidad sarcástica, juguetona, a veces grosera y también tierna. Su humor les permite abordar temas políticos sin convertir cada publicación en un discurso solemne. La intención no es decirle a la gente qué pensar, sino abrir conversaciones, provocar preguntas y acercar esas discusiones a más personas.

Para Mapacha Morada, el colectivo es un espacio bonito y seguro en el que puede compartir intereses con otras personas sin que las diferencias desaparezcan. Justamente, esas diferencias enriquecen el trabajo: no se trata de pensar todas igual, sino de aprender a crear juntas y acompañarse.

En ese sentido, el arte no funciona solamente como un producto terminado. También es el proceso de escucharse, discutir, experimentar y descubrir qué pueden hacer en común. Crear se vuelve una forma de construir comunidad.

Cuando ser joven significa tener que hacerse escuchar

Organizarse desde la adolescencia también implica enfrentarse a una sociedad que con frecuencia resta importancia a lo que dicen las personas jóvenes. A esta forma de jerarquizar las voces según la edad se le conoce como adultocentrismo: la idea de que las personas adultas tienen más autoridad para opinar, decidir o establecer qué conocimientos merecen ser escuchados.

Las integrantes de Las Mapaches identifican estas dinámicas incluso en espacios donde comparten preocupaciones políticas con personas adultas. Tener afinidades ideológicas no significa que desaparezcan automáticamente las relaciones de poder.

En ocasiones, las voces jóvenes siguen quedando al margen o sus opiniones reciben menos atención.

ALAS ha sido un espacio importante para ellas, aunque reconocen que participar en un entorno alternativo no elimina por completo esas prácticas. Frente a ello, su colectivo les permite hablar, decidir y construir proyectos desde sus propias experiencias.

Mapacha Arcoíris explica que en México existe una costumbre de dar deferencia a las personas mayores. Para ella, parte de crecer también ha sido aprender a responder y defender sus ideas, en lugar de permanecer callada por el simple hecho de ser más joven.

Resistir empieza con “¿por qué?”

La experiencia muestra que la participación juvenil no consiste únicamente en invitar a las y los adolescentes a actividades organizadas por personas adultas. También implica reconocerles capacidad para proponer, tomar decisiones y construir sus propias formas de organización.

Mapache Verde, por su parte, señala que trabajar en colectivo la confronta con la posibilidad de ignorar injusticias que parecen lejanas. Reconocer que una situación ocurre en otro lugar no debería convertirse en una razón para dejar de mirarla. Para ella, hablar de esos problemas es importante porque aquello que deja de nombrarse corre el riesgo de volverse invisible.

Por eso, crear y compartir sus trabajos también es una manera de asumir una responsabilidad frente a lo que sucede fuera de su entorno inmediato.

Las Mapaches no entienden la resistencia como algo que ocurre únicamente en las grandes movilizaciones o en los momentos más visibles de una lucha. También la encuentran en acciones cotidianas: cuestionar un chiste sexista, invitar a participar a alguien que ha quedado fuera de una conversación o explicar un acontecimiento histórico a quien no lo conoce.

Hablar sobre el 2 de octubre, por ejemplo, puede ser un punto de partida para acercarse a la historia y preguntarse por qué ciertos hechos siguen siendo relevantes. Del mismo modo, cuestionar los comentarios que reproducen desigualdades puede abrir una conversación sobre ideas que muchas veces se repiten sin pensar.

No siempre se trata de discutir hasta convencer a la otra persona. A veces, explican, preguntar “¿por qué?” puede ser más útil que entrar directamente en una confrontación. La pregunta obliga a detenerse, revisar una idea y reconocer que aquello que parece natural también se aprende y puede cambiarse.

Crear también implica cuestionar

Ese ejercicio no se dirige solamente hacia afuera. También requiere cuestionarse a una misma, reconocer contradicciones y revisar las propias formas de actuar.

En el trabajo artístico sucede algo parecido. Un dibujo, un fanzine o un personaje pueden comunicar una inquietud, pero no necesariamente producir la misma interpretación en todas las personas. Esa apertura también forma parte de su propuesta: compartir lo que les importa sin imponer una única lectura.

Además de difundir sus creaciones en redes sociales, han compartido su trabajo en actividades de ALAS y otros espacios. Buscan tender puentes entre movimientos y colectivos que, a pesar de compartir preocupaciones, en ocasiones se distancian por sus diferencias políticas o ideológicas.

Las diferencias no tienen porque dividirnos

Recuerdan una enseñanza del subcomandante Moisés sobre la importancia de no enfrentarse entre compañeros por diferencias pequeñas, sino de encontrar formas de unirse y construir comunidad. Para ellas, la organización no exige que todas las personas piensen exactamente igual; necesita espacios donde sea posible reconocer lo que se comparte sin borrar las diferencias.

Las Mapaches quieren continuar haciendo cortometrajes, fanzines e ilustraciones, fortalecer sus vínculos y acercarse a otros colectivos. También mantienen el interés de volver a territorio zapatista y conocer otras experiencias de organización.

Entre sus preocupaciones está la llegada de la Gira por la Vida de las y los compañeros zapatistas. Junto con ALAS, el Rincón Zapatista y otros grupos, han participado en tareas para apoyar su recepción en Guadalajara, como la recaudación de recursos y la organización de actividades. También buscan mantener presentes otras luchas, como las de las familias de personas desaparecidas y las comunidades que enfrentan la violencia en Gaza y el Congo.

Las juventudes no son el futuro: son el presente

Sus proyectos todavía están en construcción, como ellas mismas. No pretenden tener todas las respuestas ni resolver por sí solas las injusticias que señalan. Su apuesta es seguir creando, encontrarse con otras personas y construir vínculos que les permitan actuar en conjunto.

Mapache Rojito lo dice con claridad cuando piensa en lo que significa ser joven en este momento: “Es tu momento. Que el sistema nos está devorando, para empezar, y que como juventudes la única cosa que tenemos para poder sobrevivir al futuro es la organización; o sea, que tenemos que despertar el pensamiento crítico, la conciencia y, pues, la resistencia”

En Gumpi, esa idea aparece cuando un personaje que acostumbraba estar solo se encuentra con alguien más. En Las Mapaches, se expresa a través de dibujos, conversaciones, fanzines y actividades compartidas. Son formas distintas de contar algo parecido: frente a un mundo que invita a acostumbrarse a la injusticia o a pensar que nada puede cambiar, crear también puede ser una manera de reunirse, hacer preguntas y comenzar a construir algo diferente.

Porque las juventudes no son únicamente el futuro del que tanto se habla: son también el presente que piensa, crea, cuestiona y se organiza. No necesitan esperar a ser mayores para tener algo que decir, ni estar de acuerdo en todo para luchar por aquello que consideran justo. En un mundo que tantas veces apuesta por el individualismo y el aislamiento, encontrarse con otras personas, aprender juntas y sostenerse mutuamente también es una forma de resistencia.

Nadie cambia el mundo en soledad

Quizá ahí esté la apuesta de Las Mapaches: no en tener todas las respuestas, sino en no dejar de hacerse preguntas; no en cambiar el mundo de un día para otro, sino en negarse a aceptar que las cosas tienen que seguir siendo como son. Y recordar que, aunque ninguna persona puede resolverlo todo por su cuenta, nadie tendría que enfrentarse a las injusticias en soledad. A veces, cambiar el mundo comienza con algo tan sencillo y tan difícil  como dejar de mirar hacia otro lado y empezar a construir comunidad.

Samantha Apecechea
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Estudiante de Sociología en la Universidad de Guadalajara, con interés en la comunicación, la cultura y los fenómenos sociales contemporáneos. Mi formación académica me ha llevado a cuestionar las formas en que construimos nuestras ideas sobre la sociedad y, especialmente, el papel que tienen los medios en ellas. Escribo desde una mirada sociológica, buscando acercarme a las historias y experiencias cotidianas para llevar esas preguntas fuera del aula y hacia la realidad que nos rodea.

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